La obra se compone de tres cuadros independientes que corresponden a diferentes viviendas dentro de una misma calle: Via Valsolda. Nos encontramos en una de las riberas del río Aniene y dentro de Montesacro; un barrio romano algo alejado del centro de la ciudad por el que paseaba fumando y canturreando Rino Gaetano.
       
          No hay una invitación más abierta e íntima que aquella de la persona que nos permite entrar en su casa. El cementerio de objetos, olores, atmósfera y sensaciones completan y definen a su propio dueño. 

 

       Y este voyerismo obligado que nos presentan estos tres cuadros nos arrastra a la incómoda sensación de pertenencia a una compleja e infinita red de existencias que comparten espacio junto a la nuestra. Con sus momentos de éxtasis, de desgracias y sus incontables instantes de simplemente nada, todos estos vecinos comparten parecidas rutinas. Y viven el agridulce conocimiento de vivir en la misma ciudad que algunas de las obras artísticas más sublimes de todos los tiempos y tener aun así que estar toda la tarde ayudando al niño a hacer los deberes/ ir al supermercado/ trabajar en un Irish pub.       
         

         Porque en Via Valsolda ninguno de sus vecinos es ya uno de esos antiguos plebeyos rebeldes que en plena huelga se escondieron en el monte. Ni ninguno de ellos desayuna con vistas al coliseo o al Mercado de Trajano.

        This series is composed of three independent paintings that correspond to different houses on the same street: Via Valsoda.

 
         We find ourselves on one of the banks of the Aniene river, inside the Monte Sacro area. It is a Roman neighbourhood far away from the city centre, which was also Rino Gaetano`s favourite place for taking a walk while smoking a cigarette and singing softly to himself. 


         Being allowed into someone’s house is the most open and intimate invitation. These three paintings trigger an awkward sense of belongingness. If we walk through the halls of these houses, we will find a cemetery of objects, aromas, atmospheres and sensations that complete and define their owner. This forced voyeurism depicted in these three paintings drags us into a complex and endless network of existences that share spaces with ours. All the neighbours in Via Valsolda share the same routines, with moments of ecstasy, tragedy, and infinite moments of plain nothingness. They all participate in the bittersweet knowledge of living in the same city as some of the most sublime art pieces of all time but still having to spend every evening helping their child with his homework/ going to the supermarket/ working at an Irish pub.


         None of these inhabitants of Via Valsoda belong any longer to the rebel class companions that not long ago would take refuge in the hills. Nor would any of them enjoy breakfast with the view of the Coliseum or the Trajano market.

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            Elvira Martos

      elvenmg@gmail.com