Me gustan los libros que incluyen mapas en los que vemos situados los principales reinos de la novela. Y también los planos de los parques temáticos, o aquellos que se hacen para las búsquedas del tesoro de los niños. 


           Realmente, lo que me fascina es la idea de poder pasar de un reino, mundo, ciudad a otra sólo siguiendo una línea recta, traspasando un bosque (casi siempre encantado) o simplemente dejando la tienda de souvenirs a tu derecha. 


          Eso es lo que sucede en Singapur. Singapur es un gigante libro que entremezcla ecosistemas que se delimitaban entre sí unos con otros. Puedes estar en “India” y siguiendo algunas calles más hacia delante encontrarte entre rascacielos y edificios financieros. O puedes decidir cruzar el río (siempre hay ríos y mares en los mapas y en las ciudades más increíbles) y entonces, aparecerá ante ti un bosque de luces colgantes digno de cualquier novela futurista. Si tomas el sendero de la derecha, locales fast-food compiten por estrellas Michelin; o si en cambio decides optar por el de la izquierda, te tropezarás con un mitológico Merlion (mitad león, mitad pez) escupiendo agua.


          Pero en este pasaje de un mundo a otro mundo, la ciudad también se encarga siempre de recordarte que eres extranjero en todos y cada uno de ellos.
 

       Singapur es un buen título para un libro de aventuras de aquellos que se leen a orillas del mar en agosto. Esos que acaban oliendo a mar, que se disfrutan, se terminan y olvidan; pero que uno nunca volvería a leer.

              I love books that include maps that show the main kingdoms of the novel. I also like the plans of theme parks or those that send children on treasure hunts.


           What fascinates me about them is the idea of being able to jump from one place/city/world to another just by following a straight line, or crossing a (almost always enchanted) forest or just by walking past the souvenir shop.

            This is what happens in Singapore. Singapore is a giant book made up of different ecosystems that limit and define one another. You could visit "India" and a few streets further down find yourself surrounded by the skyscrapers of a financial district. Or, you could decide to cross the river (there is always a river or an ocean on those maps and in most amazing cities) and discover a futuristic utopian forest of hanging lights. If you took the path on the right, you would find fast-food locals competing for Michelin stars. Or, if you chose the one on the left, you would probably stumble upon Merlion (a half lion, half fish mythological creature) spouting an endless stream of water.


         But during this journey from one world to another, the city would always remind you that you are still a foreigner in each and every one of them.

 

          Singapore is a good title for an adventure novel that is only read at the sea-side during August. The kind of fiction that we enjoy, we finish reading, and eventually, we forget everything about. It would probably be one of those books that you wouldn't ever read again.
 

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            Elvira Martos

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