El uruguayo abre su tasca en el centro de la ciudad.6 am.

Y empiezan a acudir ante su llamada los feligreses. En fila india y golpetones. Rezan sus mismos mantras diarios y confiesan penurias y miserias. Se arrodillan por un cigarro (el tercero o cuarto de la mañana) y comulgan emocionados con vinos muy rojos y cervezas muy frías.

          Serie de cuadros de pequeño formato que giran en torno a la figura de tabernero.  En una ciudad como Sevilla en la que la mayor parte de la cotidianidad transcurre entre bares y eventos sociales, el sector hostelero es escenario y alma del teatro de la vidas de todos sus habitantes. Camareros, cocteleros y en este caso, taberneros se vuelven experimentados e involuntarios psicólogos, “amigos”, consejeros, padres y madres, profetas y espectadores de las tragicómicas desventuras de su fiel clientela.  

               El Uruguayo (the Uruguayan) opens his downtown tasca (Spanish style bar) at 6:00 am. This marks the beginning of the daily pilgrimage. The regular customers hastily queue up. They repeat their same daily prayers and confess their sins and tragedies. They kneel for a cigarette (already the third or fourth of the day) and merrily commune with red wines and ice-cold beers. 

This is a series of small-format paintings that revolve around the figure of the barman.

              In a city like Seville, most of the daily life is spent in bars or in social gatherings. That is why the hospitality industry is the main stage of the non-stop theatre play created by its inhabitants’ lives. Waiters, cocktail servers and, in this case, bartenders, inadvertently become experienced psychologists, “friends”, counsellors, parents, prophets, and spectators of the tragi-comical misadventures of their loyal clientele.

ARTIST

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            Elvira Martos

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